ALIMENTACIÓN 1. NUTRICIÓN VS ALIMENTACIÓN

La alimentación es el proceso voluntario por el que la persona selecciona los alimentos que conforman su dieta y está determinada por el presupuesto, la disponibilidad de alimentos en su entorno y por sus preferencias alimentarias, las cuales dependen de factores individuales y colectivos, como la cultura, creencias religiosas, educación, genética, entre otros.

La nutrición es el conjunto de procesos mediante los cuales el organismo transforma y utiliza las sustancias contenidas en los alimentos, sintetizando los componentes necesarios y esenciales para mantener la vida.

En la sociedad actual, que se caracteriza por un estilo de vida rápido y frenético, es común encontrar a personas que eligen comida rápida, ultra procesada y de baja calidad nutricional, teniendo este estilo de alimentación una influencia negativa en la salud. No nos debemos olvidar que una mala alimentación puede conducir a problemas nutricionales, que afectan la salud a largo plazo. 

Tipos de alimentación 
 Cuando hablamos de alimentación, nos referimos tanto a la cantidad como a la calidad de los alimentos que consumimos. A nivel biológico, comemos y bebemos para satisfacer nuestras necesidades de energía y nutrientes. Pero, al elegir los alimentos, no solo nos guiamos por su valor nutritivo, sino por sus cualidades organolépticas, por nuestras emociones, cultura y capacidad económica, todo ello influenciado por la disponibilidad local del tipo de alimentos. 
Por eso, de acuerdo con las condiciones geográficas, climáticas o socioculturales de cada persona existen diferentes tipos de alimentación. Cada modelo alimentario podría usarse como sinónimo de dieta según la diversidad de alimentos que incluya o excluya. Esta selección o exclusión tiene estrecha relación entre salud y alimentación. Podemos hacer subgrupos de dietas, por ejemplo: 
  • por el origen (animal o vegetal): omnívora, vegana, vegetariana, etc. 
  • por razones culturales o religiosa: Halal, kosher, etc. 
  • por razones geográficas: mediterránea, atlántica, asiática, etc. 
 Llamamos macronutrientes a las proteínas, grasas, hidratos de carbono, incluida la fibra y el agua, mientras que los micronutrientes incluyen los macrominerales, como el calcio, fósforo, sodio, potasio, cloro y azufre, el resto de los minerales y oligoelementos (minerales en muy pequeñas cantidades como selenio, magnesio, cinc, etc.), así como las vitaminas. 
Además de las proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas y minerales, los alimentos, en especial los de origen vegetal, contienen sustancias bioactivas o fitoquímicos, muchas de ellas con actividad antioxidante y que aportan beneficios que van más allá de los beneficios nutricionales. 

 Hasta hace poco tiempo, las ciencias de la nutrición se enfocaban sobre todo en recomendaciones aisladas de nutrientes y energía. Los conceptos han evolucionado y ahora reconocemos que no solo importan los nutrientes y la energía, sino la ingesta de grupos de alimentos, su frecuencia y peso en la dieta, que configura el patrón dietético.

Para reducir la alta prevalencia de ciertas enfermedades crónicas en la comunidad, como la obesidad, la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares (incluidas la hipertensión y los accidentes cerebrovasculares), el cáncer, las enfermedades dentales y la osteoporosis, la nutrición debe colocarse al frente de las políticas y programas de salud pública. 

 Debemos de concluir que una buena nutrición consiste en una alimentación saludable. Esto significa elegir regularmente alimentos y bebidas sanas. Un plan de alimentación saludable debe brindarle al cuerpo la energía y los nutrientes que necesita todos los días.

El “Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades” (CDC de Atlanta-USA) dice que las claves para un plan de alimentación saludable incluye: 
  • Comer una variedad de alimentos, incluyendo vegetales, frutas y productos integrales. 
  • Comer carnes magras, aves, pescado, frijoles y productos lácteos bajos en grasa. 
  • Obtener suficiente fibra. 
  • Beber suficiente agua. 
  • Limitar la sal, los azúcares añadidos, el alcohol y las grasas saturadas. 
  • Asegurarse de obtener suficientes nutrientes, especialmente calcio, vitamina D y potasio. 

 Por otra parte, el NIH (National Institutes of Health de USA) dice que la mejor manera de mantener el "equilibrio de energía" es poder prepararse mejor antes de consumir alimentos o bebidas, por ejemplo: 
• Seleccionar y comprar alimentos que sean bajos en grasas, que tengan menos calorías y sal, además con la menor cantidad posible de aditivos. 
• Aprender a leer las etiquetas de nutrición de los alimentos e identificar alternativas más nutritivas. 

 Es conveniente buscar un equilibrio energético: 
  • Si el aporte de energía (las calorías que consumimos) es igual al gasto de energía (las calorías que quemamos) durante un período determinado significa que el peso se mantendrá igual. 
  • Si se aporta al organismo más energía de la que se gasta durante un período determinado, entonces aumenta nuestro peso. 
  • Si se gasta más energía de la que se aporta durante un período determinado, entonces perderemos peso. 


Consuma porciones más pequeñas en el hogar. Considere la cantidad y calidad de comida que sirven en los restaurantes y trate de identificar los platos del menú que sean más bajos en grasas y calorías. 
Cada caloría cuenta.

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