La imaginería del corazón ha estado presente en la humanidad desde tiempo inmemoriales, en las pinturas rupestres lo podemos constatar. Qué significancia tenía en estas épocas, no lo sabemos, podemos solamente intuirlo. Conocemos detalles de su connotación, significado y rituales en culturas antiguas como la egipcia, hindú, griega, azteca, maya y muchas otras.
Podemos explicarlo al constatar el vínculo perceptible entre la emoción, el corazón y la respiración. Por ejemplo, lo percibimos muy claro cuando nos acorrala una amenaza e irrumpe el miedo en nosotros desencadenando una respuesta de lucha o huida en la cual percibimos de inmediato el aumento de la frecuencia e intensidad de los latidos cardiacos. Esta es una reacción ancestral que compartimos con otros animales y es determinante para el sobrevivir.
En nuestra vida diaria, independientemente del origen de la amenaza, del miedo, la ansiedad o la angustia, la respuesta frente a estas situaciones es la misma. Al cesar el desencadenante, poco a poco volvemos a la estabilidad fisiológica. Pero sucede que en nuestro quehacer actual nos enfrentamos a situaciones de tensión, estrés o miedos, ya sean reales o imaginarios, que con demasiada frecuencia se hacen cotidianos y la respuesta del corazón se prolonga en el tiempo. Estas situaciones que nos apremian y transforman en una olla de presión comúnmente surgen en el trabajo, con los problemas económicos o de relación interpersonal, de pareja o simplemente por el acelerado vivir al que nos sometemos. Con el paso del tiempo, si persisten, traerán como consecuencia un desajuste y la enfermedad cardiovascular.
Hay otros vínculos entre emoción y corazón más sutiles, pero de igual o mayor importancia en la percepción nuestro corazón simbólico.

Déjenme pensar que el primer sonido rítmico que percibe la criatura en el vientre materno es el latido del corazón de la madre. En un embarazo normal y en una situación deseable, este sonido rítmico con armonía propias y a la vez diferente e individualizable entre todos los demás sonidos es muy tranquilizador. De hecho, el bebé está en un ambiente protegido, acolchado, húmedo, a temperatura constante y recibiendo alimentación suficiente; si bien está algo constreñido, no hay problema porque su nido se expande a medida que él crece. El parto rompe dramáticamente esta quietud y el bebé súbitamente se encuentra en un entorno diferente, que quizás pueda sentir como una amenaza; pero para él será muy tranquilizador que lo acuesten sobre el pecho de la madre y vuelva a percibir el mismo latido de siempre. Es una situación apaciguadora y se duerme. Cada vez que el niño es cogido en brazos por la madre o es amamantado, oye este sonido tan inconfundible y así será siempre.
Lo descrito hasta ahora nos va orientando hacia el porqué de la importancia del corazón como imagen y símbolo en las manifestaciones culturales.
Innumerables poesías, letras de canciones, pinturas, películas, manifestaciones de amor y en las conversaciones diarias en las que usamos expresiones que se refieren al corazón nos adentran en ello. Usamos frases como: «no tienes corazón», «me ha llegado al corazón», «lo digo de corazón», «tienes un gran corazón», «piensa con el corazón», «me ha roto el corazón», «abre tu corazón» y así ad infinitum.
Sentimos nuestro corazón desde antes de nacer y su presencia nos acompaña hasta la muerte. Sentir emociones, incluyendo el enamoramiento y la pasión, induce una manifestación del corazón que se traduce como latidos acelerados y a veces sensación de arritmia. Una emoción, sufrimiento psíquico, tensión interna, bloqueo de contenidos psíquicos de forma prolongada, puede desequilibrarnos y enfermar. No en vano el corazón es un símbolo que está impregnado en nuestra psique y se refleja, consciente o inconscientemente en nuestro quehacer diario y desde un punto de vista colectivo en manifestaciones culturales.
Para los egipcios, hindúes, aztecas, mayas y otras culturas, el corazón es el centro de la vida y la renovación. En los Upanishads (libros sagrados hinduistas) se afirma que solamente el conocimiento que proviene del corazón es verdadero, pues solo él nos capacita a pasar del mundo ilusorio al real. Pero también conocemos los terribles relatos y grabados que hieren nuestra sensibilidad como son los sacrificios aztecas y mayas, quienes extraían con las manos de una persona viva, usando un puñal de obsidiana u otro material para abrir el pecho, el corazón todavía palpitante y lo elevaban hacia el sol y a los dioses como ofrecimiento para aplacarlos o pedirles favores.

Recordemos que en la antigua Europa también se realizaron sacrificios humanos para apaciguar o halagar a los dioses, sin embargo, no encontré relación específica con el corazón.
Dejando atrás estos rituales, podemos aproximarnos a la imaginería cristiana.

Sagrado Corazón de Jesús
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El Sagrado Corazón de Jesús es la devoción referida al corazón de Jesucristo, como un símbolo de amor divino. «Su Corazón es traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación» (cf. Jn 19, 34), «es considerado como el principal indicador y símbolo...del amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres» (Pío XII, Enc."Haurietis aquas": DS 3924; cf. DS 3812).
El Corazón de María se representa con tres símbolos, que significan: las llamas, su amor; el lirio, su pureza y la espada, su sufrimiento por amor a nosotros. A ella se elevan rituales y plegarias: «cuando la enfermedad me aflija, o me oprima la tristeza, o la espina de la tribulación llegue a mi alma, ¡Oh Corazón de María, sed la salvación mía!», otra petición sería «Corazón de María, perfecta imagen del corazón de Jesús, haced que nuestros corazones sean semejantes a los vuestros»

El Corazón de María
www.devocionario.com (Devocionario Católico)
Muchos países de América se sumaron a esta imaginería. Ecuador fue el primer país en el mundo que se consagró oficialmente al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María en 1873. En Perú, la iglesia de San Pedro de los jesuitas es el Santuario Nacional del Corazón de Jesús. En Chile, el Sagrado Corazón de Jesús es el patrono de la Armada. En Colombia, en 1902 fue promulgado un decreto por el que consagra el país al Sagrado Corazón. Otros países de américa consagrados al Sagrado Corazón son: El Salvador (1875), República Dominicana (1895), Venezuela (1900), Nicaragua (1920), Costa Rica (1921), Brasil (1922), México (1924), Bolivia (1925), Honduras (1928), Chile (1946) y Perú (1954). Fue en 1919 cuando el Rey Alfonso XIII consagró España al Sagrado Corazón de Jesús.
Los cada vez más frecuentes y exitosos trasplantes de órganos establecen un paradigma novedoso en la cultura.
El trasplante de corazón no es simplemente una cuestión de reemplazar un órgano que ya no funciona. Vemos al corazón como fuente de amor, emociones y foco de rasgos de personalidad. Sin duda, ante esta eventualidad, la concomitancia o ambivalencia de lo mágico y lo lógico no es infrecuente, y probablemente se ve reforzada por la naturaleza simbólica del corazón.

A pesar del importante conocimiento de la anatomía y fisiología cardiaca, casi la mitad de los receptores de un corazón tenían una creencia abierta o encubierta de que junto con el corazón adquirirían algunas de las características de la personalidad del donante. Quizás por esto se ha constatado que la mitad de los futuros receptores de un corazón cuando se les pidió que eligieran un donante imaginario más y menos preferido, el 49% construyó sus elecciones de acuerdo con los prejuicios, deseos o temores relacionados con los rasgos étnicos, raciales o sexuales atribuidos al donante.
Sin embargo, en un estudio de seguimiento a largo plazo, el 79% de los trasplantados afirmó que su personalidad no había cambiado en absoluto en el postoperatorio, no obstante, los psicólogos que realizaban la investigación observaron claramente que estos pacientes exteriorizaban reacciones masivas de defensa y negación, principalmente al querer cambiar rápidamente de tema o tratar de que la pregunta que se les hacía pareciera ridícula. Otro 15% afirmó que su personalidad había cambiado, pero no por el órgano del donante, sino por el evento potencialmente mortal. El 6% informó abiertamente que habían percibido un cambio de personalidad debido a sus nuevos corazones, y se basaban en la idea milenaria del corazón como centro que alberga los sentimientos y forma la personalidad.
En otro enfoque, muchos pacientes respaldaban fantasías y mostraban pensamiento mágico, por ejemplo, el 46% de los receptores tenían fantasías sobre el vigor físico y la destreza del donante, un 40% expresó cierta culpa por la muerte del donante, el 34% consideró la posibilidad de adquirir cualidades del donante a través del nuevo corazón.
El entorno social del trasplantado también cambia, la familia y los compañeros de trabajo asumen un comportamiento diferente hacia la persona con un corazón trasplantado en relación con el comportamiento que tenían anteriormente.
Podemos concluir que al menos la mitad de los receptores de corazón manifestaban el convencimiento de adquirían potencialmente algunas de las características de la personalidad del donante. Esta concomitancia de lo mágico y lo lógico no es infrecuente y probablemente se ve reforzada por la naturaleza simbólica del corazón y, quizás, también, por el estrés persistente que requiere un proceso de adaptación continuo, emocionalmente intenso.

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