La Percepción 1ª parte. Del sentido de la VISTA a la RABDOMANCIA

Del sentido de la VISTA a la RABDOMANCIA

Nuestros sentidos han evolucionado hacia un eficiente mecanismo para la supervivencia. Sin ellos hubiera sido muy complicado perpetuarse como especie desde nuestro origen. Como describe Rafael López-Pedraza en su libro "Emociones, una lista", los sentidos y tres emociones fueron la clave que hizo posible el sobrevivir del hombre: miedo, ansiedad y depresión. «La emoción del miedo nos hace agudizar nuestros sentidos y estar en constante conexión con nuestros instintos. En este contexto, una intuición sagaz contribuiría a la alerta de peligros inminentes y esta intuición se fue desarrollando a la par que los instintos». Hoy día, como veremos, el sentido de alerta ligado a la intuición ha sido descrito como un sentido más. Muy posiblemente algunos sentidos primordiales se han adormecido y van perdiendo su significación para la sobrevivencia o quizás se van potenciando otros más adaptados a nuestro vivir actual .



Los sentidos, que son el mecanismo fisiológico de la sensación, nos envían al cerebro sus señales permitiéndonos la percepción, mediante la cual organizamos e interpretamos las impresiones para dar significado a nuestro entorno. Sin embargo, lo que uno percibe es muy diferente de la realidad objetiva.

Vemos y tocamos un objeto sólido, por ejemplo, una cuchara. Pero resulta que el 99,999… de este objeto es vacío debido a que está compuesto de átomos como todas las cosas materiales. Podemos explicar eso si imaginamos un átomo amplificado: el núcleo lo ampliamos imaginariamente al tamaño de una pelota de ping-pong, entonces los electrones girarían alrededor de él describiendo una órbita del tamaño del Camp Nou. Todo el espacio intermedio es vacío. 

 



 

Sin embargo, estas representaciones gráficas y clásicas del átomo también son ilusorias y ya están alejadas de las teorías más recientes.

 

I. Los cinco sentidos


Tradicionalmente hablamos de cinco sentidos, posiblemente esto sea debido a la obra de Aristóteles "De Anima" escrito en el 350 a.c. en la que, en el libro II, dedica un capítulo separado a cada uno de ellos: la vista, el oído, el olfato, el tacto y el gusto.

 
Sentido de la vista o de la visión: 
El ojo detecta las ondas electromagnéticas dentro de la luz visible y el cerebro interpreta la imagen. La visión humana es sensible a las longitudes de onda situadas entre los 380 y los 780 nanómetros (nm). Se piensa que quizás sean dos o tres sentidos distintos dentro del ojo debido a que hay diversos receptores, unos perciben el color (frecuencia de la luz), otros el brillo (energía de la luz). 
La percepción de los colores es subjetiva y depende de los atributos que el cerebro asigna a ciertas longitudes de onda, de esta manera una longitud de onda de 560 nm es definida como color rojo, pero en realidad tanto el rojo como cualquier otro color no existen, solo es real una radiación electromagnética con una longitud de onda determinada. 

 



Las ilusiones ópticas son una distorsión de la percepción visual, por lo tanto, las imágenes percibidas difieren de la realidad objetiva y están causadas por la complejidad del ojo, el cerebro, y las vías nerviosas de transmisión y procesamiento que hacemos de las imágenes
 

Arriba: Las dos líneas amarillas son de igual longitud, pero el cerebro interpreta que la de arriba es más larga. Pasa el cursor sobre ella.


Sentido del tacto
Es la percepción de la presión, generalmente ubicada en la piel.
 
El tacto afecta a todo nuestro ser e influye enormemente en nuestra relación afectiva con las demás personas e incluso con los animales. 

Las partes más pilosas son generalmente las más sensibles a la presión. 
Entre la epidermis y la dermis se encuentran los diminutos corpúsculos de Meissner, que se sitúan fundamentalmente en las partes no pilosas del cuerpo y que percibimos como muy sensibles (las plantas de los pies, las puntas de los dedos, el clítoris, los pezones, las palmas y la lengua) y las sentimos como zonas erógenas. 
Se necesitan miles de receptores para crear esa delicadeza sinfónica que llamamos caricia. Quizás por esto empleamos el término "tacto" como metáfora en las relaciones interpersonales, y con ello nos referimos a una comunicación empática, delicada o considerada: “le expliqué mi decisión con mucho tacto”.


Sentido del oído o de la audición
Este sentido percibe las vibraciones de nuestro entorno que oscilan entre 20 y 20.000 Hertz (o Hercio, Hz). Sin embargo, el sonido también se puede detectar como vibraciones conducidas a través del cuerpo por el tacto, (Por ejemplo, la conducción ósea que exploran los otorrinolaringólogos). Las frecuencias que están fuera del rango citado solamente se detectan de esta forma.

 

Sentido del gusto o de sabor: 

Es un sentido químico como lo es el olfato. Existen por lo menos cuatro tipos de gustos o receptores en la lengua (dulce, salado, amargo y ácido) cada uno de ellos transporta la información a una región ligeramente diferente del cerebro. Un quinto receptor teorizado primero y luego confirmado en el año 2000 es el del «umami» que detecta el glutamato, un sabor en las carnes especialmente las curadas, tomates, alga kombu, setas shiitake, pescados, mariscos, algunas hortalizas (tomates, col china, espinaca, etc.), también lo percibimos en algunos productos fermentados y añejados como los quesos, pasta de camarón, salsa de soja, etc. En la época romana era muy apreciado y se producía con vísceras de pescado fermentado (garum o garo) en muchas factorías como la de la antigua ciudad romana de Baelo Claudia situada en la ensenada de Bolonia al sur de España. El glutamato monosódico lo podemos obtener como condimento y es muy utilizado en la cocina japonesa y china.


Depósitos donde se hacía la fermentación del pescado. Antigua ciudad romana de Baelo Claudia situada en la ensenada de Bolonia- España


Sentido del olfato o del olor
Es el otro sentido "químico". A diferencia del gusto consta de centenares de receptores olfativos, cada receptor se une a una molécula “del olor” de característica particular. Las neuronas olfativas del receptor en la nariz mueren y regeneran regularmente. Hay cerca de mil genes que codifican los receptores del olor.
 
En el diario vivir los mensajes de los sentidos se combinan. 
Cuando comemos no solo nos influye el sabor (gusto) de la comida sino también su olor (olfato), su aspecto (vista) y su textura (tacto) y, sin duda, el oído, sobretodo en algunos alimentos crujientes. Todo ello da lugar a una nueva manera de percibir. 
Parece que cuanto más "ruido" hace un alimento al morderlo, más nos gusta. “El sonido es el sabor olvidado”, dijo Charles Spencer de la Universidad de Oxford. Y es que, si hay una palabra mágica y explotada comercialmente en este curioso y no bien conocido mundo de la sonoridad gastronómica es “crujiente”. Crunchy o crispy (en inglés), crocante… Da la sensación de que las palabras vinculadas a esta idea tienen cierto efecto de evocar alimentos ricos y apetitosos y frescos.




¿Hay algo más crujiente que unos saltamontes (chapulines) o unas hormigas tostadas? 
Los "nsenene", como los ugandeses llaman a estos insectos saltarines, son una delicia culinaria buscada por muchos en la época lluviosa del año cuando hacen su aparición masiva en el campo y las ciudades. Los he comido con deleite en Kampala (Uganda) y su sabor recuerda al de pescado frito, pero con notas que me atrevería a decir que recuerdan al umami.
 
 
Nsenene - Saltamontes fritos - Uganda

Nsenene es la palabra en la lengua luganda de Uganda para un tipo de saltamontes de cuernos largos (técnicamente un grillo de arbusto de la especie Ruspolia differens) que se consume como un manjar crujiente, similar a las palomitas de maíz, y es una fuente importante de ingresos para la población local. Se recolecta en grandes cantidades durante la temporada de lluvias, principalmente en mayo y noviembre, y se prepara friéndolo con especias, lo que lo convierte en una popular golosina y comida complementaria en todo el país. 

Continúa en la segunda parte con los sentidos adicionales: Pulsar el título siguiente:

LA PERCEPCIÓN - 2ª parte. SENTIDOS ADICIONALES

 

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