4ª Parte de El Sueño - El estrés y sus implicaciones en el sueño

Antes de acercarme directamente a considerar el estrés, conviene hacer un breve recorrido por el significado de tres emociones muy cercanas entre si: la ansiedad, la angustia, e inclusive el miedo. Estas emociones y el estrés mismo suelen llevarnos a solapar su significado sobretodo entre ansiedad y angustia y entre ansiedad, miedo y estrés; en nuestra vida diaria solemos usarlos indistintamente aun cuando intuimos que encierran situaciones y manifestaciones diferentes.


 

La ansiedad es una emoción que nos acompaña a todos, y si la percibimos de manera proporcionada no nos produce grandes desasosiegos; es una respuesta adaptativa que en si misma es útil.
Cuando la ansiedad se establece en nosotros de forma más intensa nos abruma y desencadena una combinación de manifestaciones físicas y psíquicas y psicosociales; en estos casos la observamos como una crisis o bien como un estado alterado persistente y difuso, aun cuando su origen no sea conocido claramente 
o atribuible a desencadenantes tangibles por quien la padece.


Si bien la ansiedad se destaca por su cercanía al miedo, se diferencia de éste; el  miedo es una emoción que surge ante estímulos presentes, mientras que la ansiedad se relaciona con la anticipación de “peligros” o dificultades, a veces indefinibles y velados. Sin embargo, tanto la ansiedad como el miedo tienen manifestaciones semejantes; en ambos casos se evidencian pensamientos de peligro, sensaciones de desconfianza, agitación y deseo de escape que se acompañan de expresiones fisiológicas y respuestas motoras. Además, ambos se consideran mecanismos evolucionados de adaptación que fortalecen la supervivencia de nuestra especie. Como hemos mencionado, la característica más llamativa y distintiva de la ansiedad es su carácter anticipatorio, confiriéndole un valor funcional importante. Ahora bien, si la ansiedad supera la “normalidad” en cuanto a los parámetros de intensidad, frecuencia o duración, o bien se relaciona con estímulos no amenazantes para el organismo, provoca manifestaciones patológicas en el individuo, tanto a nivel emocional como funcional.

El trastorno de ansiedad social es un tipo común de trastorno de ansiedad. Las personas con este problema tienen síntomas en las situaciones sociales, como cuando conocen a personas nuevas, salir a una cita, tener una entrevista de trabajo, responder a una pregunta en clase o hablar con un cajero de una tienda. Incluso, hacer cosas usuales frente a otras personas, como comer y beber o usar un baño público. Esta ansiedad social puede llegar a ser una fobia y fobia es un tipo de trastorno de ansiedad en el cual la persona tiene un temor incontrolable e irracional ante una situación que puede incluso llevarla al pánico. Existen muchos tipos de fobia, por ejemplo la acrofobia que es el temor a las alturas, la agorafobia es el temor a los lugares públicos y abiertos, la claustrofobia es el temor a los espacios cerrados, temor a la oscuridad (nictofobia), extranjeros (xenofobia), animales (zoofobia), arañas (aracnofobia). Otras fobias comunes incluyen los túneles, conducir en autopistas, al agua, volar, a las inyecciones y la sangre entre otras muchos.

La angustia es una emoción muy frecuente y tiene un efecto de inmovilización y conduce al sobrecogimiento; la angustia es visceral, opresiva, paralizadora y aparece cuando un individuo se siente amenazado por algo. Es una emoción vinculada a situaciones de desesperación, donde la característica principal es la pérdida de la capacidad de actuar. El concepto de angustia procede del término alemán Angst, (ansiedad, temor o miedo) que hace referencia a angostura, algo angosto o estrecho. Con la influencia latina se hablaba de angor y con la psiquiatría francesa se llegó al término de angoisse, como un sentimiento de constricción epigástrica, dificultades respiratorias e inquietud.




El poeta venezolano Rafael Cadenas en su colección de poemas “De Memorial" 1977, escribió:

Angst
No es nada, nada
algo sin trascendencia,
nada.
Una dificultad leve
en la respiración.
Problema de angostura
parece.
¿Acaso no sabías
que la puerta es estrecha?

El angor o angor pectoris es la angina de pecho (dolor opresivo precordial de origen cardiaco y determinado por isquemia). El término proviene del latín angor y este del griego ankhon: estrecho, estrangulante, por lo que bien se puede traducir como una sensación estrangulante en el pecho.
La angustia puede ser desencadenada por factores externos, aunque los internos juegan un papel muy importantes psicológicamente y suelen originarse por la pérdida de contacto con lo auténtico de nosotros mismos, la angustia por el sentido de la vida, por la muerte y por el vivir en si mismos. En psicología, la angustia es un miedo sin objeto, un ahogo del alma, una estrechez o angostura.

Cabe mencionar aquí otra sensación cercana a la angustia, la insatisfacción, que es un inconformismo con nuestra propia vida y nuestros logros. Aun cuando tengamos éxito en alcanzar nuestras metas o proyectos personales, podemos sentir un vacío o una insatisfacción cuando ya los hemos obtenido. Sin embargo, la insatisfacción puede ser un acicate para avanzar en las experiencias vitales.

El miedo es una emoción que nos sirve para la defensa frente a un peligro y así poder preservar nuestra integridad y la vida, por tanto, lo sentimos ante la amenaza de un peligro inminente; ahora bien, cuando el miedo nos atrapa somos presa del pánico. Esta palabra proviene del nombre del semidiós griego Pan quien con sus gritos desaforados aterrorizaba a los caminantes y a los rebaños. 
El pánico puede interpretarse como un miedo enloquecedor que frecuentemente se contagia. La forma visual y dramática de entenderlo es evocando la imagen de una estampida.
El pánico es un miedo extremo irracional que por su intensidad es capaz de desorganizar nuestra psique y nuestra actuación para llevarnos hacia un estado de enajenación, precipitándonos en “ataques de pánico”.




Quizás conviene detenernos en hablar algo sobre el dios Pan. Es una divinidad bucólica, campestre, propia de pastores y cazadores que como dijimos provocaba con sus gritos ensordecedores, amplificados por la ninfa Eco, estampidas de rebaños  y pánico en la gente. Pan tiene diecinueve genealogías diferentes; en la mayoría de ellas su padre fue el dios Hermes, en tanto que la madre no está claro y usualmente se menciona a alguna de las ninfas; una hija de Dríope, Timbris, Sose, Calisto u Orneo. Es el dios de las pesadillas y de la epilepsia y se le atribuye el descubrimiento de la masturbación. También es dios de la fertilidad, era curandero, músico y dio nombre a la flauta de pan. Se le representaba como mitad animal y mitad hombre: las patas y la cabeza eran de macho cabrío, el resto del cuerpo humano. En la era cristiana se le identificó con el diablo o belcebú y su imagen fue reprimida y apartado de su connotación original. Era una divinidad lujuriosa que se dedicaba a perseguir a las ninfas, entre ellas Eco que ya he mencionado. El escritor, médico y humanista francés François Rabelais en Gargantúa (1534), nos habla de la “terreur panice” que sobrecoge a los enemigos de Gargantúa.
Pan era iracundo y si se osaba molestarlo durante sus siestas, que solía disfrutar en grutas o cuevas, profería unos gritos aterradores. Los habitantes de Arcadia tenían la creencia de que cuando una persona dormía la siesta no se la debía despertar bajo ningún motivo ya que, de esa forma, se interrumpía el sueño del dios Pan. Parece que el dios Pan inventó la siesta.

El Shabat de las Brujas o Aquelarre o El Gran Cabrón.
Mural al óleo en la Quinta del Sordo de Francisco de Goya, (1821-1823) Pinturas Negras. 
Hacia 1874, los murales de yeso fueron desmontados y trasladados a soportes de lienzo y actualmente están expuestos en el museo Del Prado en Madrid.. 

Estrés
Relacionar el estrés con problemas de sueño tiene sentido: nos acostamos nerviosos, por lo que resulta casi imposible relajarnos y calmar nuestra conciencia lo suficiente como para quedar dormidos; nuestro cuerpo y mente están en una actitud de lucha o huida siempre listos, a nivel fisiológico, para enfrentar el peligro; El estrés es un mecanismo ancestral de supervivencia básico que compartimos con los animales. Las personas que sufren de estrés crónico día tras día duermen menos horas, tienen una peor calidad de sueño y por tanto les resulta más difícil funcionar bien durante el día. No es de extrañar, entonces, que no podamos dormir cuando nuestros niveles de estrés aumentan, simplemente no sería normal dormir bien estando bajo estrés.

El estrés ha sido definido como un estado de tensión emocional resultante de circunstancias adversas o exigentes. Un nivel “normal” de estrés puede ser bueno para nosotros y motivarnos a trabajar con tenacidad, concentrarnos e incluso mejorar el rendimiento. Pero esto es así cuando el causante del estrés actúa a corto plazo. Excesiva prolongación del causal de estrés puede tener el efecto contrario. Para entender el por qué, es importante saber exactamente cómo responde nuestro cuerpo al estrés a nivel fisiológico.
Cuando estamos frente a un desafío o peligro inminente se desencadena una respuesta de "lucha o huida" y el cuerpo produce y libera sustancias específicas para enfrentarnos al peligro o correr. Estas sustancias disminuyen y vuelven a su nivel normal una vez desaparecida la amenaza y el cuerpo comienza a relajarse nuevamente. Pero, cuando estamos bajo estrés continuo, esta respuesta del sistema nervioso no cede y puede tener un efecto devastador en nuestra salud. El estrés incesante hace que suba la presión arterial, la respiración se afecta, los latidos del corazón se aceleran y es posible que nos encontremos en un estado de contener la respiración o por el contrario hiperventilar.
Con un estrés a largo plazo, los músculos están continuamente tensos, desencadenando dolores de cabeza, lesiones dentales y maxilares, tensión en el cuello y hombros, y los niveles elevados y continuos de cortisol pueden causar aumento de peso y conducir a un debilitamiento del sistema inmunológico.
Por otra parte, el no dormir bien afecta como percibimos el estrés y lo manejamos peor o nos volvemos más emocionales. Incluso en un día normal, si dormimos mal, nos irritan más fácilmente las cosas que usualmente no nos afectan, o nos emocionamos más cuando pasa algo durante el día. Eso puede llevar a una cascada de efectos; por tanto, la falta de un descanso adecuado contribuye a aumentar el estrés.

Como hemos visto, el estrés es una respuesta normal del organismo ante un peligro inminente o la percepción de este ya se trate de una amenaza física o psicológica, real o imaginaria. Nos permite generar la alerta y activación necesarias para hacer frente a estos peligros o amenazas y buscar soluciones. Sin embargo, se convierte en un problema cuando se vuelve demasiado intenso, desproporcionado al estímulo que lo desencadena o demasiado duradero o también por la incapacidad de hacer frente al peligro o la amenaza es excesivamente frecuente o reiterante; puede ocurrir que una vez desaparecido el peligro el estrés persista. La respuesta de activación y alerta que desencadena un “peligro”, cuyo objetivo primordial es movilizar recursos para la supervivencia es incompatible con el sueño reparador. Por ese motivo, cuando estas emociones, se mantienen en el tiempo, acaban generando problemas psicofisiológicos como el insomnio.

Estrés agudo: este tipo de estrés a corto plazo suele acompañar a momentos breves de sobresalto o alarma. Los ejemplos incluyen darse cuenta de que no cumplimos con una fecha límite para entregar una tarea en el trabajo o en la escuela, o casi estar involucrados en un accidente automovilístico, encontrarnos en un atasco de tráfico y pensar que perderemos el vuelo, etc. En estas situaciones sentimos un aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, la respiración se acelera, hay temblor, confusión, etc., usualmente a estos síntomas les siguen una sensación de cansancio, irritabilidad, tristeza e inquietud. Algunas personas también experimentan dolor de cabeza, dolor de espalda y cuello, problemas gastrointestinales e incluso sensación de ahogo. Sin embargo, los síntomas del estrés agudo suelen desaparecer al cabo de poco tiempo.

Estrés agudo episódico: este tipo de estrés es esencialmente una acumulación de momentos individuales de estrés agudo. Parece formar parte de la vida en algunas personas, creando un vivir de zozobra continua.

Estrés crónico: es un estrés que nos parece no terminar nunca e ineludible, como el estrés de un matrimonio mal habido, una relación sentimental incompatible o un trabajo extremadamente exigente.

Euestrés: es un tipo de estrés positivo que puede mantenernos con energía. Está asociado con oleadas de adrenalina, como cuando estamos en una actividad deportiva, nos planteamos un reto o bien estamos apresurados para cumplir con una fecha límite; incluso puede ser divertido y emocionante.

Identificación del estrés
El estrés no siempre es fácil reconocerlo. A veces puede tener un origen obvio, otras veces no es tan evidente; las pequeñas tensiones diarias del trabajo, la escuela, la familia y los amigos pueden afectar el equilibrio emocional. Recordemos que la percepción del riesgo o amenaza, así como su tolerancia varían entre una y otra persona e incluso en una misma persona de acuerdo a su estado emocional en un determinado momento o periodo de su vida.

Cuando creemos que el estrés está afectándonos, hay algunos signos y síntomas que podemos observar en nosotros:
  • Síntomas psicológicos como dificultad para concentrarse, preocupación constante, desazón y dificultad para recordar.
  • Alteraciones emocionales como estar enojado, irritado, de mal humor o frustrado. También la disminución del deseo sexual.
  • Cambios de comportamiento como falta de cuidado personal, no tener tiempo para las cosas que solíamos disfrutar, tomar alcohol de forma excesiva, incluso consumir drogas, también iniciar o recaer en el hábito de fumar o incrementar el consumo de cigarrillos.
  • Signos físicos como presión arterial alta, frecuencia cardiaca rápida, cambios en el peso por aumento o disminución del apetito, temblor, resfriados o infecciones frecuentes, cambios en el ciclo menstrual y de la líbido.
  • Baja energía, sensación de cansancio permanente, agotamiento.
  • Palmas de las manos húmedas o sudorosas.
  • Problemas digestivos, acidez estomacal, diarrea, estreñimiento. Colon irritable,
  • Dificultad para dormir o no tener un sueño reparador.
  • Mareo.
  • Rechinar los dientes, empuje de los dientes anteriores por la lengua. Dolor de mandíbula.
  • Dolores de cabeza.
  • Tensión muscular, especialmente en el cuello (tortícolis) y los hombros. Hombro doloroso. Lumbago. Fibromialgia.
  • Dolores y molestias físicas inespecíficas.
  • Caída del cabello.
Obviamente algunos de estos síntomas pueden ser debidos a otras enfermedades y problemas de salud que tenemos que considerar.

Causas comunes del estrés
En la vida surgen muchos problemas y situaciones que pueden causar estrés crónico o a largo plazo. Los orígenes más frecuentes los advertimos en relación con las finanzas, el trabajo, relaciones interpersonales, de pareja y familiares, la crianza de los hijos y los inconvenientes del día a día y la ambición desmedida. También es frecuente ante la inseguridad de obtener una adecuada provisión de alimentos y asistencia médica. En lugares específicos podría ocurrir que estemos inmersos en una situación de inseguridad personal y jurídica o en un entorno de agresividad, así como en una gran incertidumbre o inestabilidad político-social. Otras situaciones que también pueden contribuir al estrés crónico son la pobreza, el abuso y cualquier trauma intenso. El estrés puede provenir de experiencias traumáticas en la infancia. Las personas tienden a internalizar las experiencias dolorosas y generar sentimientos de desesperanza.
El estrés crónico puede causar deficiencias relacionadas con la forma en que el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA) procesa situaciones estresantes y se comunica con el resto del cuerpo.

Como respuesta a estos problemas, percibidos por el organismo como una amenaza o peligro inminente, desencadenamos la conocida respuesta ancestral de luchar o huir, la cual compartimos con otros animales y constituye un reflejo de supervivencia. Durante esta reacción se liberan hormonas como la adrenalina y el cortisol. Estas, como mencionamos, aceleran la frecuencia cardíaca, ralentiza la digestión, desvía el flujo sanguíneo a los principales grupos de músculos (para prepararnos para luchar o escapar) y cambian otras funciones del sistema nervioso autónomo, lo que le da al cuerpo una carga de energía y fuerza.
Ancestralmente la respuesta de lucha-huida nos permitía enfrentarnos físicamente a la amenaza o bien escapar; actualmente esta respuesta de lucha - huida suele activase ante situaciones en las que no hace falta enfrentarnos físicamente y que de las cuales no podemos o no sabemos huir. Por tanto, dejó de ser una respuesta apropiada en situaciones de la vida común y sobretodo cuando son persistentes.
Cuando la amenaza percibida desaparece, los sistemas están diseñados para regresar a su función normal a través de la respuesta de relajación. Pero en casos de estrés crónico, la respuesta de relajación no ocurre y nos encontramos en un estado de lucha-huida casi constante causándonos daño en el organismo.

Impacto del estrés
La conexión entre nuestra mente y nuestro cuerpo es evidente y cuando examinamos el impacto que tiene el estrés en nuestra vida lo percibimos cabalmente.
Sentirnos estresados por una relación, el dinero o nuestras condiciones de vida puede crear problemas de salud física. Lo contrario también es cierto. Los problemas de salud física, como presión arterial alta, la diabetes, trastornos tiroideos, problemas sexuales, entre muchos otros, también afectarán nuestro nivel de estrés y nuestra salud mental.
El estrés agudo grave, como estar involucrado en un desastre natural o tener un altercado verbal, puede desencadenar un ictus (accidente cerebrovascular), ataques cardíacos, arritmias cardiacas e incluso la muerte súbita. Sin embargo, esto suele ocurrir en personas que ya padecen una enfermedad previa.

Algunas condiciones o enfermedades son influenciadas por el estrés y entre ellas es importante mencionar:
  • Diabetes.
  • Perdida de cabello.
  • Cardiopatía.
  • Hipertiroidismo.
  • Obesidad.
  • Disfunción sexual.
  • Enfermedad dental y de las encías.
  • Úlceras gastricas o duodenales. Reflujo gastro-esofágico.
  • Bulimia, anorexia, pérdida del apetito, vómito o intestino irritable.
Tratamiento
Se centra en cambiar la situación que lo ocasiona, desarrollar habilidades para afrontarlo, implementar técnicas de relajación y tratar los síntomas o afecciones que pueden haber sido causados por el estrés crónico. Algunas intervenciones específicas pueden ser útiles incluyendo la psicoterapia, medicación y la medicina complementaria y alternativa.

Psicoterapia: algunas formas de terapia que pueden ser particularmente útiles para abordar los síntomas del estrés incluyen la psicoterapia profunda, analítica o de los complejos y otras formas de psicoterapia, la terapia cognitivo-conductual (se enfoca en ayudar a las personas a identificar y cambiar los patrones de pensamiento negativo), la reducción del estrés basada en la atención plena que utiliza la meditación y por último el “coaching” que es el asesoramiento en salud para ayudar a las personas a "controlar" sus enfermedades y afecciones.

Medicamentos: en ocasiones se indican medicamentos para tratar algunos síntomas específicos relacionados con el estrés. Dichos medicamentos pueden incluir somníferos, antiácidos, antidepresivos y ansiolíticos. Tenemos que comprender que estos medicamentos no modifican las causas del estrés, pero ayudan en el manejo global del problema.


Medicina alternativa y complementaria: estos enfoques complementarios incluyen acupuntura, aromaterapia (es una forma de medicina alternativa basada en el uso de compuestos aromáticos, incluidos los aceites esenciales y otros compuestos aromáticos, con el objetivo de mejorar el bienestar psicológico o físico​), masajes, yoga y meditación. Posiblemente el baile y música ayudad a este respecto.

Conviene interiorizar que aun cuando el estrés suele ser inevitable, puede ser manejable si comprendemos los pasos para combatirlo. Tenemos que aprender a reconocer los signos del estrés que ya mencionamos. Por ejemplo, cuando comenzamos a sentir síntomas de agotamiento emocional, es una señal de que necesitamos encontrar una manera de controlar nuestro estrés, como practicar ejercicio con regularidad; el incorporar actividades regulares de cuidado personal en nuestra vida diaria también es esencial para el manejo del estrés. Practicar la atención plena del transcurrir diario de nuestra vida y tratar que esto sea una forma de vida. 
Descubramos cómo vivir de manera más consciente a lo largo del día para que podamos estar más despiertos y conscientes a lo largo de nuestra vida.
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Fisiología del estrés y el sueño
Una respuesta saludable al estrés implica un rápido aumento de cortisol, adrenalina y noradrenalina seguido de su rápida disminución una vez que ha pasado el evento estresante. Esta respuesta está controlada por bucles de retroalimentación negativa mediados por el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA) en el sistema nervioso central.

Lo que es importante saber en este contexto es que el acceso HPA también juega un papel significativo en la modulación del ciclo de sueño-vigilia de 24 horas. Los niveles de estrés prolongados se han correlacionado con la hiperactividad de acceso del HPA, la disminución de la duración del sueño, así como la reducción del sueño REM y modificaciones de las ondas delta del sueño profundo N3, lo que conduce a un sueño de peor calidad, memoria deteriorada y una deficiente regulación del estado de ánimo, lo que, a su vez, puede conducir a más estrés.
Las estrategias saludables de enfrentarse y concientizar el (o los) problemas y que por tanto reduzcan la evitación emocional, que incluyen la meditación y ejercicios de respiración simples, pueden reducir el estrés y la tensión en el cuerpo, reducir los niveles de las hormonas del estrés y ayudar a que el sueño sea más fácil.
Si percibes que estás manejando bien el estrés y a pesar de ello sientes que tu sueño no ha mejorado, debes pensar que no todos tus problemas de sueño se deben directa o totalmente al estrés. Ciertos cambios hormonales que vienen con la menopausia, problemas tiroideos o incluso el envejecimiento natural pueden alterar los patrones de sueño al igual que ciertos medicamentos, la cafeína, el alcohol, drogas y otras elementos y situaciones. Si no se comprende la causa es aconsejable consultar al médico.

(Nota: Esta entrada ha sido preparada por solicitud de algunos seguidores)

Lago de Werdenberg con el castillo homónimo al fondo. Buchs, St. Gallen. Suiza.
Fotografia Javier Armengol Bakos






3 comentarios:

  1. Muy interesante el blog , informa, invita a reflexionar y a conocer orígenes .

    Y muy interesante este análisis particular. No me resulta siempre fácil diferenciar claramente a estas emociones, considerando experiencias personales me parece que pueden solaparse. Tampoco me resulta fácil identificar el límite que marca que ya se ha traspasado a lo patológico, cuando no hay manifestaciones muy notorias. Por un lado es posible que neguemos factores que nos enferman y que, por lo tanto, no tomemos iniciativas que puedan beneficiarnos o sanarnos. Por otro, creo que hemos ido perdiendo la tolerancia y paciencia frente a desafíos y el dolor que parece inherentes a nuestra vida . Así, se puede querer evitar el duelo propio o el de alguien querido recurriendo a medicaciones que anestesian. Y observo , más frecuentemente en los jóvenes, la frustración o ansiedad cuando algo no se logra inmediatamente y/o sin esfuerzo.


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    1. Muchas gracias por tus comentarios. El límite entre salud y enfermedad no siempre es claro, en especial en los procesos mentales y del alma. En ocasiones transitamos por el borderline, en el límite, en la frontera, en la cuerda floja, lo cual no deja de ser un riesgo. El bordeline entre una neurosis severa y la psicosis es un ejemplo. La evasión, el vivir evadiendo si afrontar la realidad ni tan siquiera querer conocerla o camuflarla con nuestra fantasía nos puede llevar a traspasar la línea y perdernos en la locura, el delirio o en la demencia. Cuando nuestro malestar psíquico nos apremia conviene buscar ayuda para no permanecer en la cuerda floja ni traspasar las fronteras.

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  2. Hola, me parece muy interesante el Blog. Me gustaría que me contestaras a la siguiente pregunta:
    ¿cómo podemos conocer nuestros patrones de conducta y porqué nuestros sentimientos y reacciones son diferentes en cada uno de nosotros a medida que vamos adquiriendo la experiencia individual?

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