CONFUCIO
Fue el maestro, filósofo y teórico político más famoso de China antigua, cuyas ideas han influenciado profundamente en las civilizaciones de China y otros países del este de Asia. También conocido como: Chung-ni, K’ung-fu-tzu, K’ung-tzu, Kongfuzi, Kongqiu, Kongzi, Zhongni; se castellanizó como Confucio.
Nació en el año 551 a.C., en Qufu, estado de Lu en la actual provincia de Shandong, China.
Falleció en 479 a. C., en Lu).
Los Kong del estado de Song que fue un estado durante la dinastía Zhou (1045-221 a. C.) con capital en Shangqiu) eran los antepasados de Confucio, una familia aristocrática que dio varios consejeros eminentes a los gobernantes Song. Sin embargo, a mediados del siglo VII a. C., la familia había perdido prestigio político y la mayor parte de su riqueza. Algunos de los Kong —entre ellos el bisabuelo de Confucio— se trasladaron al estado de Lu que al igual que otros estados regionales de la época, estaba vinculado a la corte imperial de la dinastía Zhou por la historia, la cultura, los lazos familiares y las obligaciones morales. Confucio nació finalizando una era conocida en la historia china como el “Período de Primaveras y Otoños” que transcurrió desde el año 770 al 481 a. C.
VIDA DE CONFUCIO
Los Kong de Lu eran “caballeros comunes” (shi) y por tanto habían sido educados en las seis artes del ritual, la música, el tiro con arco, la conducción de carros, la escritura y la aritmética, por lo cual podían ingresar en el ejército o emplearse en puestos administrativo-gubernamentales.
El padre de Confucio, Shu-Liang He, fue guerrero y sirvió como mayordomo de distrito en Lu. Cuando nació Confucio era ya anciano y falleció poco después, lo que originó difíciles problemas económicos en la familia. El mismo Confucio dijo que debido a su condición “de pobre y de baja posición social”, le fue difícil ingresar al servicio público y tuvo que dedicarse a tareas domésticas por algún tiempo. Al principio encontró un modesto empleo en el clan Jisun, de Lu, como guardián de graneros y ganado, aunque posteriormente logró nombramientos en el gobierno de Lu, primero como ministro de Obras Públicas y luego como ministro de Asuntos Criminales. Sin embargo, solo ocupó el cargo pocos años debido a mal entendidos y problemas con los empleadores.
En vista de estas dificultades, Confucio decidió autoexiliarse y emprendió un largo viaje por la China de entonces que duró 14 años, dedicando gran parte de ese tiempo a buscar gobernantes dispuestos a aceptar sus consejos y a dejarse guiar por su visión de un gobierno virtuoso. Su búsqueda fue en vano. Él pensaba que podría arreglar el mundo, lo que se justifica porque nació en una época en la que tales aspiraciones estaban al alcance de hombres en circunstancias similares a las suyas.
A mediados del siglo VI a. C., la dinastía Zhou se acercaba a su 500 aniversario. El marco político que habían establecido los fundadores dinásticos —un sistema de enfeudamientos otorgados por lazos familiares— seguía en pie, pero sus cimientos se habían debilitado desde el comienzo del Período de Primaveras y Otoños, por lo que la estructura, si no se consolidaba, corría el riesgo de derrumbarse. En ese periodo, ninguno de los gobernantes regionales se interesaba por la seguridad del imperio ni por la idea del bien común. Esta apatía aunada a su ineptitud permitió que los “caballeros comunes” intervinieran y se hicieran cargo de las funciones administrativas del gobierno.
Los caballeros comunes más perspicaces se fijaban metas muy altas y buscaban la oportunidad de introducir nuevas ideas sobre el valor (xian) y la nobleza (shang), desafiando la jerarquía social existente y defendiendo el criterio de que la capacidad y la fortaleza de carácter debían ser las medidas del valor de una persona y por tanto, los hombres de la nobleza debían ser despojados de sus títulos y privilegios si mostraban ser incompetentes y faltos de discreción moral. Esto, en parte, explica lo que Confucio intentaba enseñar. Creía que la determinación moral de unos pocos podía tener un efecto beneficioso en el destino de la mayoría. Pero la integridad por sí sola, en su opinión, no bastaría. Los hombres de bien debían ser puestos a prueba en política: debían adquirir conocimientos y habilidades, servir bien a sus gobernantes y demostrar su valía mediante su influencia moral.
El hombre al que Confucio acudía en busca de inspiración y guía para estas ideas era Zhougong (el duque de Zhou), hermano del fundador de la dinastía Zhou, ya que este, en su época, deseaba lo mismo: armonía social y estabilidad política basadas en la confianza y las obligaciones morales mutuas, con un mínimo recurso a las normas legales.
Pero Confucio como un simple burócrata profesional que era, su autoridad política era muy limitada y transitoria, dependiendo de si ocupaba o no un cargo público. Este afán de estar empleado y ganarse la benevolencia del gobernarte fue criticada por muchos incluyendo tres o cuatro discípulos que lo acompañaron en su exilio.
Los discípulos de Confucio eran considerablemente más jóvenes que él. No los reclutó activamente ni fundó ninguna escuela ni academia. Eran jóvenes de diversos orígenes como, por ejemplo: hijos de aristócratas o de caballeros comunes, comerciantes, agricultores, artesanos e incluso delincuentes e hijos de delincuentes. Estos discípulos decidieron unirse a él para aprender de él habilidades que les permitieran iniciar una carrera oficial, sin embargo, en el proceso, adquirieron mucho más, como era el refinamiento y la agudeza moral de un caballero. Confucio era el "maestro" de estos seguidores, quienes se llamaban a sí mismos sus "discípulos" o "aprendices". Entre sus primeros discípulos, tres destacaron: Zigong, Zilu y Yan Hui. Confucio no negaba la instrucción a nadie que deseara aprender, a cambio, no esperaba más que un trozo de carne seca como regalo.
Tras su regreso a Lu y luego de pasar muchas privaciones e incluso atentados contra su vida, Confucio no buscó ningún puesto en el gobierno de este estado. El gobernante en este momento y sus consejeros lo consideraban el "anciano del estado". Se acercaban a él directamente en busca de consejo o utilizaban a sus discípulos como intermediarios y dadas estas circunstancias, el número de sus discípulos se multiplicó. Muchos le preguntaban sobre la idea de la virtud, sobre los requisitos morales para servir en el gobierno o sobre el significado de frases como "percepción aguda" y "juicio nublado". Otros querían saber cómo buscar el conocimiento y cómo leer textos abstrusos para obtener perspectivas. Confucio respondía, pero sus respuestas variaban según el temperamento del interlocutor, lo que generaba confusión entre sus alumnos cuando intentaban comparar notas. Esta forma de enseñar estaba en plena sintonía con lo que Confucio consideraba el rol del maestro. Enseñar es “impartir luz”: guiar a los alumnos y animarlos a seguir adelante, de modo que incluso cuando estén cansados y desanimados, incluso cuando quieran rendirse, no puedan. Confucio dijo de sí mismo: “Soy de los que se olvidan de comer cuando intento resolver un problema…”
Cuando llegó la vejez, Confucio descubrió que el acto de controlar su conducta y su juicio en la medida justa, ya no lo abrumaba. “A los 70 años”, dijo, “seguí lo que mi corazón deseaba sin pasarme de la raya”. Sin embargo, esto no significaba que Confucio estuviera libre de preocupaciones. Historiadores y filósofos de siglos posteriores solían retratar a un Confucio agobiado en sus últimos días. Murió a la edad de 73 años el día 11 del cuarto mes lunar del año 479 a. C.
FUENTES SOBRE CONFUCIO
Las fuentes sobre la vida de Confucio son escasas. Los anales oficiales y otras fuentes históricas de finales del Período de Primaveras y Otoños rara vez mencionan su nombre porque él no desempeñó un papel destacado en el mundo político.
Las Analectas (en chino, Lún Yǔ, significa “discusiones sobre las palabras”) son la obra más estrechamente asociada con Confucio. El texto, que consiste en una serie discontinua de afirmaciones breves, diálogos y anécdotas cortas, fue recopilado por dos generaciones sucesivas de discípulos (discípulos y discípulos de éstos), a lo largo de unos 75 años tras la muerte de Confucio, lo cual significa que la recopilación fue probablemente completada un poco antes, o alrededor, del año 400 a. de C. Representa un registro de su vida en fragmentos, recopilado en 20 secciones o capítulos. Las secciones contienen descripciones de su carácter, comportamiento y momentos de su vida en el exilio o en su hogar en Lu, además de los fragmentos de conversaciones con sus discípulos y otras personas que conocía y comentarios expresados con su voz, pero a menudo sin contexto.
Sin la ayuda del contexto y comentarios, esta obra puede resultar engañosa o desalentadora, sin embargo, con paciencia y atención, es posible extraer los destellos del genio de Confucio y elementos de su humanidad.
Un puñado de discípulos más jóvenes podrían haber iniciado el proyecto, pero se necesitaron otros 200-300 años de ajustes antes de que el texto adquiriera su forma actual. La evidencia material de la antigüedad del texto estándar emergió en 1973, cuando arqueólogos abrieron la tumba del príncipe de Zhongshan (Liu Xiu, también conocido como el rey Huai), datada en el año 55 a. C. y Las Analectas, escritas en tiras de bambú, se encontraron entre los objetos funerarios que acompañaron al príncipe en su vida después de la muerte.
Una segunda obra fundamental para el estudio de Confucio y su pensamiento es el Zuo Zhuan (“Comentario de Zuo”), las cuales arrojan luz sobre la ascendencia intelectual de Confucio y las raíces de su pensamiento moral.
La tercera fuente es una extensa biografía de Confucio escrita en el siglo I a. C. Su autor, Sima Qian, es el historiador más distinguido de China, y la biografía sigue siendo un referente en la historiografía china. Los estudiosos posteriores no consideraron creíbles todas sus historias y detectaron problemas logísticos en su relato de los viajes. Sima Qian intentó trabajar principalmente con las Analectas, agrupando enunciados individuales para darles coherencia y ampliando episodios aislados añadiendo más personajes y acción.
EJEMPLOS DE ENSEÑANZAS DE CONFUCIO
El confucianismo es un sistema de ética, pensamiento y moralidad que se enfoca en el autoconocimiento, el desarrollo personal y la buena conducta con el fin de lograr un orden social y político justo y armonioso. Se caracteriza por la promoción de virtudes como la benevolencia (ren), la rectitud (yi), el decoro (li), la sabiduría y la fidelidad (xin), y por la importancia de la familia, el respeto a los mayores (piedad filial) y el cumplimiento de los roles sociales. Aunque a veces se considera una religión, su enfoque principal es humano y ético, buscando el perfeccionamiento del ser humano a través del esfuerzo propio y la virtud.
Principios clave:
1) Ren (benevolencia o humanidad): La virtud central que representa la bondad, la compasión y el amor hacia los demás.
2) Yi (rectitud o justicia): La integridad y la habilidad para hacer lo correcto.
3) Li (decoro o rituales): Las normas de comportamiento, los ritos y las buenas maneras que regulan las relaciones sociales y promueven el orden.
4) Zhi (sabiduría): La capacidad de tomar decisiones correctas y equilibradas.
5) Xin (fidelidad o sinceridad): La honradez, la confianza y la integridad en las acciones.
6) Xiao (piedad filial): La devoción, obediencia y respeto a los ancianos y antepasados, extendiéndose a la familia y, por extensión, a la jerarquía social.
Las Cinco Relaciones
Son un concepto clave en el confucianismo que describe las interacciones jerárquicas dentro de la sociedad, esenciales para mantener el orden social. Estas relaciones son:
1) Gobernante y súbdito
2) Esposo y esposa
3) Padre e hijo
4) Hermano mayor y hermano menor
5) Amigo y amigo
En esta relación no deja de apreciarse la posición dominante del hombre sobre la mujer al decir esposo-esposa.
El confucianismo enfatiza que cada persona debe cultivar su virtud interior y demostrar piedad filial para fortalecer estas relaciones y cumplir con sus responsabilidades. Además, creía que liderar con virtud inculcaría un sentido de vergüenza y promovería la bondad, mientras que basarse únicamente en leyes y castigos solo haría que las personas intentaran evitar el castigo sin desarrollar un sentido de moralidad.
Objetivos y enfoque:
1) Mejora del individuo o personal: El confucianismo busca que cada persona se perfeccione a sí misma y desarrolle su potencial moral.
2) Armonía social: A través del cultivo de la virtud individual y el cumplimiento de los deberes sociales, se busca crear una sociedad estable y justa.
3) Buen gobierno: Se enfatiza que los gobernantes deben ser virtuosos y servir al pueblo para lograr un Estado próspero y ético.
INFLUENCIA DEL CONFUSIONISMO EN CHINA Y EL MUNDO:
El confucianismo ha tenido un impacto profundo y duradero en la cultura, la sociedad y la política de China y otros países de Asia Oriental, como Corea y Japón. Sus enseñanzas moldearon los sistemas educativos y las estructuras familiares durante siglos. Esta influencia se ha extendido al mundo occidental más recientemente.
Confucio creía que los ritos, o rituales (li), que abarcan y expresan la conducta humana correcta en todas las esferas de la vida, podían estabilizar a un hombre y cimentar un gobierno, y que su práctica debía comenzar en el hogar y dijo por ejemplo: “No les des a tus padres más motivo de preocupación que tu enfermedad”. “Cuando tus padres vivan, no viajes a lugares lejanos, y si tienes que viajar, debes decirles exactamente adónde vas”. En sus enseñanzas siempre había que anteponer la conformidad y aceptación de la actuación del padre, por ejemplo: ante la pregunta: ¿qué pasa si tus padres están pensando en hacer algo malo? El responde “sé amable al intentar disuadirlos de hacer algo malo”, y aconsejó “si ves que se inclinan a no seguir tu consejo, mantén la reverencia (jing). No los desafíes abiertamente. No te resientas ni siquiera cuando te agoten y te preocupen”.
Confucio consideraba que toda relación humana es un acto de equilibrio, y la que se establece entre el hijo y sus padres es la más exigente, pero también la que más merece atención y paciencia, porque está arraigada en el amor y en los primeros recuerdos de calidez y afecto del niño. Confucio no quería que los hijos se mostraran complacientes en situaciones que exigieran su juicio. Al mismo tiempo, desaconsejó la confrontación incluso cuando los padres fueran culpables. Le preocupaba que los padres perdieran el sentido de la proporción y el afecto de sus hijos, por lo que instó al hijo a “mantenerse reverente” incluso si los padres no estuvieran dispuestos a seguir su consejo.
Estos conceptos sobre la relación de hijos con los padres se oponen con muchas de las opiniones y prácticas de la psicología y psicoterapia actuales.
Sus contemporáneos observaron que “en la corte, cuando hablaba con los consejeros de rango inferior, se mostraba relajado y afable. Cuando hablaba con los consejeros de rango superior, era franco pero respetuoso”. Y en presencia del gobernante, aunque lleno de reverencia y admiración, se mantenía perfectamente sereno.
Consideraba que una educación en las Odas, la colección más antigua de poesía china complementaba una educación en los ritos. Las Odas "pueden adaptarnos mejor en el grupo y expresamos mejor al expresar una queja”. Le dijo a su hijo: “si no aprendes las Odas, no podrás hablar”.
Así como el legendario emperador sabio Shun (c. siglo XXIII a. C.) le dijo al director de música que enseñara poesía a los niños, que dejara que los poemas se convirtieran en su voz, para que “los rectos sean a la vez amables, los magnánimos sean dignos”, Confucio también esperaba que las Odas se convirtieran en el lenguaje de su hijo, porque tales expresiones son siempre apropiadas y, por lo tanto, “nunca se desviarán del camino”.
Confucio consideraba la música como la culminación de la cultura, de notas brillantes y nítidas que se unían con fluidez y armonía que denotaban un orden interno y poseen una especie de magia porque refleja la rectitud del sonido o de la deliberación humana.
Confucio afirmaba no haber conocido a nadie verdaderamente humano. Esto, sin embargo, no significaba que la humanidad estuviera fuera de su alcance. "En cuanto deseo la humanidad, la encuentro", decía, y todos los que se cruzaban con él tenían la fuerza suficiente "para dedicar todo su esfuerzo a la práctica de la humanidad". Confucio otorgó a sus enseñanzas sobre la humanidad una dimensión política, aunque parecían estar dirigidas al yo. Observó que el emperador Shun era capaz de ordenar el mundo simplemente perfeccionando su propia humanidad y cultivando una actitud respetuosa. «Si das ejemplo corrigiendo tus errores, ¿quién se atreve a no corregir los suyos?», le preguntó al consejero Jikangzi. “Solo desea el bien y la gente será buena. El carácter de los que están en la cima es como el del viento. El carácter de los que están abajo es como el de la hierba. Cuando el viento sopla sobre la hierba, la hierba seguramente se doblará”. Cuando se le preguntó qué debía ser primero al administrar un estado, dijo “la confianza” (xin). Si las palabras y acciones de un gobernante no inspiran confianza, afirma Confucio, su gobierno perecerá sin duda, aunque pueda asegurar suficiente comida para alimentar al pueblo y armas adecuadas para defenderlo.
Confucio pensaba que el sistema clásico de enfeudamientos de la temprana dinastía Zhou se acercaba mucho a un gobierno ideal porque se basaba en la confianza entre el emperador Zhou en el oeste y los parientes que enviaba al este con autoridad para crear nuevas colonias para el joven imperio. Tal gobierno, reforzado con los poderes civilizadores de los ritos y la música, no necesita leyes ni edictos complejos para mantener al pueblo bajo control. Confucio dijo: “Guía al pueblo con ordenanzas y estatutos y mantenlo en línea con [amenazas de] castigo. Intentarán mantenerse alejados de los problemas, pero no tendrán ningún sentido de la vergüenza. Si los guías con virtud ejemplar y los mantienes en la práctica de los ritos, tendrán sentido de la vergüenza y sabrán reformarse”.
Pocas personas sabían cómo reformarse en la época de Confucio, y casi no había nadie entre sus gobernantes a quien admirar. Pero Confucio aún tenía fe en consejeros profesionales como él, quienes, siguiendo la tradición de los grandes consejeros del pasado, fueron capaces de engrandecer a los gobernantes con su trabajo duro, discernimiento y hábiles métodos de persuasión moral.
La UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad a los "Tres Kong" en Qufu, China, que incluyen el Templo de Confucio, el Cementerio de Confucio y la Residencia de la familia Kong, lugares centrales para el confucianismo y la vida de Confucio. Estos sitios, que reflejan la veneración del filósofo y sus descendientes, son reconocidos por su significado histórico, artístico y cultural.
Templo de Confucio: Construido en la ciudad natal de Confucio, Qufu, este complejo se erigió en su memoria y ha sido un centro de veneración durante siglos.
Cementerio de Confucio: Alberga la tumba del propio Confucio y las de decenas de miles de sus descendientes, lo que lo convierte en un lugar sagrado para la genealogía confuciana.
Residencia de la familia Kong: Es la antigua mansión de la familia Kong, donde vivieron los descendientes de Confucio durante generaciones, preservando la historia y la cultura del confucianismo.


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