Con aval de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se han establecido nuevos principios para clasificar las variantes del SARS-CoV-2. La idea es unificar criterios, permitir la comparación entre los estudios y, lo más importante, destinar mayores recursos a estudiar las variantes con más potencial de causar el mayor daño.Las variantes a partir de ahora se catalogarán en tres grupos: "variante de interés"; "variante de preocupación" y "variante de gran consecuencia".
Variante de interés: la característica del virus es poder causar un aumento de casos porque los cambios genéticos lo vuelven más contagioso o bien que dichos cambios genéticos ocasionen que no sea afectado por la inmunidad conferida por la infección natural o la vacunación que tienen las personas. También es posible que estos cambios genéticos le permitan al virus ser menos sensibles a los tratamientos e incluso que no pueda ser detectado por las pruebas diagnósticas tipo PCR. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de USA está actualmente estudiando tres de estas variantes que han causado infecciones en los Estados Unidos y en otros países.
Una “variante de preocupación” será aquella que es más contagiosa y causa una enfermedad más grave. También puede ser más resistente a los tratamientos y a la inmunidad generada por las vacunas. En estos casos, las personas que previamente han tenido COVID-19 pueden volver a infectarse con la nueva cepa mutante. El CDC está rastreando cinco de estos virus.
Una “variante de alta consecuencia” hasta ahora no detectada, provocaría una enfermedad más grave y un mayor número de hospitalizaciones. También sería refractaria a las medidas médicas, como las vacunas, los medicamentos antivirales y los anticuerpos monoclonales.
Seguimiento de variantes emergentes
En el Reino Unido están utilizando una clasificación adicional para las "variantes en investigación". Las variantes que se están investigando son las que se han identificado recientemente, pero aún no saben nada concreto sobre su importancia para la salud pública. Actualmente están investigando la variante emergente P3, que se detectó por primera vez en Filipinas.
Esta misma semana, investigadores en Colombia publicaron un estudio que describe una nueva variante con dos mutaciones.
En Francia también se anunció un nuevo grupo de casos relacionados con enfermedad causada por una nueva variante. La variante francesa tiene nueve mutaciones en su proteína de pico y no pudo ser detectada mediante pruebas de PCR.
Como mencioné en una entrada anterior, una variante aparece cuando un virus muta, es decir, ocurre un cambio en su código genético. Es simplemente una versión del virus que es diferente del virus que lo originó.
A diferencia de o que pueda pensarse, las variantes surgen con frecuencia y, por lo general, no son más agresivas para los humanos. Sin embargo, en ocasiones, un cambio o grupo de cambios ayudará a que la nueva versión del virus pueda reproducirse más rápidamente o desarrollar una forma más eficiente o diferente de infectar las células. Otras veces un cambio modifica su estructura lo suficiente para que los anticuerpos que produce nuestro sistema inmunológico no se adhieran a él y lo puedan destruir. Cuando eso sucede los virus pueden diseminarse más rápido o producir enfermedades más graves.
La vigilancia de estos cambios en el genoma del SARS-Cov-2 es muy importante porque pudiera ser necesario adaptar las vacunas o los medicamentos existentes a las nuevas cepas.
Variantes de preocupación
Hasta ahora, los CDC y otros centros de investigación están rastreando cinco variantes preocupantes: la variante B.1.1.7, identificada por primera vez en el Reino Unido; la variante P.1, detectada por primera vez en Japón y Brasil; la variante B.1.351, reportada por primera vez en Sudáfrica; y las variantes B.1.427 y B.1.429, que se han extendido en California.
La variante B.1.1.7 es al menos un 50% más contagiosa que las versiones anteriores del virus. Ha causado importantes oleadas de COVID-19 en el Reino Unido, Israel y Europa.
Los estudios han demostrado que las vacunas actuales son menos efectivas contra dos variantes: la B.1.351 de Sudáfrica y la variante P1 de Japón y Brasil. Además, parece que estas variantes son más resistentes las terapias con anticuerpos monoclonales.
Las variantes B.1.427 y B.1.429 parecen ser aproximadamente un 20% más contagiosas que las versiones anteriores del virus y pueden reducir ligeramente la eficacia de las vacunas y la terapéutica.
A pesar de todo lo dicho, hasta ahora la inmunidad generada por las vacunas es tan potente que no dejan de ser eficaces para prevenir infecciones o reducir la transmisión del virus. En evidente que mientras el virus siga circulando ampliamente porque la población no ha sido vacunada o que las personas no siguen las medidas recomendadas de protección, los virus campearán a su antojo y se seguirán multiplicando miles de millones de veces y por lo tanto mutando.


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