ALIMENTACIÓN 10: OBESIDAD

 Desde 1990, la obesidad se ha duplicado entre los adultos de todo el mundo y se ha cuadriplicado entre los adolescentes. Se estima que, en 2022, una de cada ocho personas en el mundo era obesa. La prevalencia del sobrepeso varía según la región pasando del 31 % en las regiones de Asia Sudoriental y África al 67 % en la región de las Américas. El sobrepeso va en aumento en los países de ingreso bajo y mediano. Es frecuente que la desnutrición y la obesidad coexistan en un mismo país, una misma comunidad y un mismo hogar. La obesidad es más una responsabilidad social que individual y las soluciones pasan por crear entornos y comunidades propicios que integren la alimentación saludable y la actividad física regular entre los comportamientos más accesibles, disponibles y asequibles de la vida cotidiana.


 

El sobrepeso se caracteriza por una acumulación excesiva de grasa. Por otra parte, la obesidad es una enfermedad crónica compleja que conlleva una acumulación excesiva de grasa que es perjudicial para la salud y puede inducir a un aumento de la diabetes de tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, también puede afectar la salud ósea, la reproducción y aumentar el riesgo de que aparezcan ciertos tipos de cáncer. Por otra parte, suele afectar la calidad de vida como el sueño o el movimiento.

 

El diagnóstico del sobrepeso y la obesidad se efectúa midiendo el peso y la estatura de las personas y calculando el índice de masa corporal (IMC): peso (kg)/estatura2 (m2). Sin embargo, este índice es un marcador indirecto de la grasa y existen otras mediciones, como el perímetro de la cintura, que pueden ayudar a diagnosticar la obesidad y el riesgo cardiovascular.

Para definir la obesidad las categorías del IMC varían dependiendo de la edad y el género. En el caso de los adultos, la OMS define el sobrepeso y la obesidad así:

·       sobrepeso: IMC igual o superior a 25; y

·       obesidad: IMC igual o superior a 30.

 

Causas del sobrepeso y la obesidad

El sobrepeso y la obesidad son la consecuencia de un desequilibrio entre la ingesta calórica (alimentación) y el gasto calórico (actividad física). Sin embargo, consideramos que, en la mayoría de los casos, la obesidad es una enfermedad multifactorial que se debe a un entorno “obesogénico”, factores psicosociales y a condiciones genéticas. 

El entorno “obesogénico” está relacionado a la insuficiente disponibilidad de alimentos saludables y sostenibles a precios asequibles a la población, la falta de seguridad para realizar actividad física al exterior, o bien la sobreoferta, sin control y sin advertencias, de alimentos “chatarra” y excesivamente cargados de azúcar y grasas. Simultáneamente hay un insuficiente conocimiento por parte de la población sobre la alimentación adecuada y una falta de respuesta eficaz del sistema de salud para identificar y tratar el exceso de peso durante las primeras etapas.

 


Consecuencias para la salud

El sobrepeso en la infancia y la adolescencia afecta de forma inmediata a la salud de los niños y adolescentes, y está asociado a un mayor riesgo de contraer, de manera precoz, distintas enfermedades no transmisibles, como la diabetes de tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares; adicionalmente suele tener consecuencias psicosociales adversas y se ha visto que afecta al rendimiento escolar y a la calidad de vida, a lo que se añaden la estigmatización, la discriminación y la intimidación. Estos niños, además corren un mayor riesgo de sufrir enfermedades no transmisibles en la edad adulta.

 

Prevención y manejo

El sobrepeso y la obesidad, así como las enfermedades no transmisibles conexas, son en gran medida prevenibles y manejables.

A nivel individual, podemos reducir el riesgo adoptando medidas preventivas desde la niñez:

·       Promover comportamientos adecuados de alimentación saludable, la actividad física regular, el sueño, evitar las conductas sedentarias. Limitar el tiempo que se pasa frente a las pantallas; limitar el consumo de bebidas endulzadas con azúcar y alimentos de alto contenido calórico y promover hábitos alimentarios saludables como aumentar el consumo de frutas y verduras, así como de legumbres, cereales integrales y frutos secos;

Detener el aumento de la obesidad exige medidas multisectoriales, relacionadas, por ejemplo, con la fabricación, la comercialización y la fijación de los precios de los alimentos, y otras que traten de abordar los determinantes de la salud en sentido más amplio como sería la reducción de la pobreza y la planificación urbana.

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