ENTENDER LA INTEROCEPCIÓN: EL SEXTO SENTIDO

¿Cómo percibimos lo que sucede dentro de nuestro propio cuerpo y qué significa eso para nuestra salud?
La mayor parte del tiempo no somos conscientes de la gran cantidad y variedad de los procesos que ocurren incesantemente en nuestro interior: células que cambian de forma, se reproducen, crecen y mueren, órganos que liberan sustancias químicas reguladoras, vasos sanguíneos que se dilatan, etc., etc. Pero a veces recibimos una señal y sentimos una punzada de hambre, una vejiga llena o un corazón acelerado. Es una llamada del cuerpo a la mente de que algo no va bien, una súplica para volver al equilibrio.
 La interocepción se define como la percepción de señales internas del cuerpo. Los cinco sentidos comúnmente reconocidos (vista, oído, tacto, gusto y olfato) nos ayudan a comprender e interactuar con el mundo que nos rodea, la interocepción procesa información del corazón, del intestino, de los pulmones, etc. a medida que los órganos internos interactúan con el cerebro.
 
Cada vez hay más pruebas de que estos sentidos internos son fundamentales para mantener el equilibrio del cuerpo y podrían estar implicados en una serie de afecciones médicas, como la ansiedad, la adicción, los trastornos alimentarios y el dolor crónico. Actualmente se está explorando los fundamentos moleculares de los vínculos mente-cuerpo, redefiniendo nuestra comprensión de cómo percibimos lo que sucede dentro de nosotros y por qué es importante que lo hagamos.
 
Señales escurridizas
Haga una pausa y sin usar los dedos para comprobar el pulso ¿puede sentir los latidos del corazón? Algunos contarán el número de latidos con mucha más precisión que otros. Otros no lo lograrán.
 
Quizás nos hemos habituado a no escuchar a nuestro cuerpo y día a día vamos perdiendo la capacidad de lograrlo. Una verdadera y lastimosa pérdida porque la interocepción está ligada a la buena salud física y mental. Pero cabe preguntarse ¿Qué es realmente la interocepción y cómo funciona? Veamos, se sabe por ejemplo que un subconjunto de neuronas sensoriales, llamadas mecanorreceptores, detectan cuando el estómago se está estirando y envían señales al cerebro, lo que provoca una sensación de saciedad.
 
El nervio vago[i] contiene neuronas sensoriales que inervan la mayoría de nuestros órganos vitales, incluidos el corazón, los pulmones, los intestinos y el estómago. 
Hay diferentes tipos de neuronas vagales, cada una de las cuales tiene propiedades moleculares distintas y percibe tipos específicos de información. Los mecanorreceptores que detectan el estiramiento del estómago son un ejemplo. Otros tipos controlan la respiración y la tos, detectan la presión arterial y los cambios de oxígeno, o detectan cuándo se cierra la vía aérea para inducir el jadeo. Estas neuronas detectan una variedad vertiginosa de estímulos que transmiten al cerebro y modifican la fisiología, evocando percepciones como el estado de saciedad e influyendo en el estado de ánimo.
 
Las señales pueden viajar a regiones cerebrales superiores involucradas en la emoción, la memoria y la toma de decisiones. Pero no siempre lo hacen, lo que puede explicar por qué no todas las señales interoceptivas llegan a la conciencia. Algunas simplemente "informan pasivamente lo que se siente". No sería eficiente que todas las señales llegaran a la parte frontal de nuestra mente. Pero cuando sucede algo que hace que te sientas mal, ocurren los momentos en los que cambias tu atención del mundo exterior a lo que está sucediendo en tu interior. 
 


De la sensación a la conciencia
Una vez que estas señales llegan a los niveles superiores del cerebro, pueden causar una vaga sensación de que algo anda mal, que tal vez se manifieste como un mal humor o un malestar general. O pueden desencadenar sentimientos más específicos que exigen acción, como tener la vejiga llena o el estómago vacío.
 
Una región del cerebro en particular parece activarse cuando las personas prestan atención consciente a sus propios estados interoceptivos: la ínsula o corteza insular[ii].
La ínsula parece rastrear las sensaciones internas que acompañan a las experiencias importantes. En la ínsula existen neuronas que muestran patrones específicos vinculados a estados de saciedad, hambre, sed u otras sensaciones interoceptivas.
 
Un nuevo paradigma mente-cuerpo
Estos hallazgos también sugieren que la interocepción no es una calle de un solo sentido, ahora sabemos que el cerebro puede volver atrás y regular las señales en los órganos. Es un bucle.
 
Cuando se trata de sensaciones de hambre, por ejemplo, el cerebro no está “sirviendo pasivamente como un contador de frijoles que mide cuántas calorías nos da un alimento después de digerirlo”, más bien, está haciendo cambios preventivos enviando señales que hacen que nos sentamos llenos mucho antes de que hayamos digerido la comida y evitar que comamos en exceso.
 
Reconocer ese bucle de retroalimentación entre el cerebro y el cuerpo abre nuevas posibilidades para comprender la enfermedad. Hay evidencia de que muchas de las condiciones que consideramos trastornos cerebrales (por ejemplo, la depresión y la enfermedad de Alzheimer) podrían tener su origen fuera del cerebro, y que es probable que existan dolencias periféricas (como náuseas, hipertensión e incontinencia urinaria) que a veces se originan en el cerebro. Si podemos descubrir todas las conexiones entre el cuerpo y el cerebro, nos ayudaría a determinar cuáles son las mejores pautas de tratamiento.
 
Como vemos, el concepto de interocepción es mucho más matizado y complejo que observar cómo se desempeña una persona en una tarea como contar los latidos del corazón. Más bien, las interrupciones o hipersensibilidades son posibles en cualquiera de los receptores o vías que envían mensajes desde las partes periféricas del cuerpo al cerebro, así como en las regiones cerebrales superiores por donde pueden viajar esas señales.
 
“La interocepción somos nosotros”.
 
[i] El nervio vago o nervio neumogástrico es el décimo de los doce pares craneales. Nace del bulbo raquídeo e inerva la faringe, el esófago, la laringe, la tráquea, los bronquios, el corazón, el estómago, el páncreas, el hígado y vísceras que irriga la arteria mesentérica superior por plexos peri arteriales que llegan a los plexos mientéricos o de Auerbach, donde se localizan las fibras postsinápticas parasimpáticas.
El nervio vago es responsable de tareas tan variadas como la frecuencia cardíaca, la peristalsis gastrointestinal, la sudoración y bastantes movimientos musculares en la boca, incluyendo el habla (a través del nervio laríngeo recurrente). También tiene algunas fibras aferentes que inervan la porción interna (canal) del oído externo (a través de la rama auricular, también conocida como nervio de Arnold o nervio de Alderman) y parte de las meninges. Las fibras del nervio vago que inervan la faringe y la parte posterior de la garganta son responsables del reflejo faríngeo. Además, la estimulación del nervio vago aferente mediada por el receptor 5-HT3 en el intestino debido a gastroenteritis es una de las causas del vómito.​ La estimulación del nervio vago en el cuello del útero (como en algunos procedimientos médicos) puede conducir a un síncope vasovagal.
El nervio vago también juega un papel en la saciedad posterior al consumo de alimentos.​ Se ha demostrado que el hecho de bloquear los receptores del nervio vago causa hiperfagia (un gran aumento de la ingesta de alimentos).
 
[ii] La ínsula cerebral es una estructura ubicada en el cerebro que se relaciona con funciones emocionales y cognitivas. En neurociencia se ha estudiado por el valor que tienen el procesamiento de la información sensorial en la integración sensoriomotora y en la percepción. También se ha asociado a la memoria, la toma de decisión, la atención, la integración social y la autoconciencia.
La ínsula está dividida en dos partes, la parte anterior y la parte posterior, que se diferencian por su anatomía y por sus funciones. La parte anterior está relacionada con la percepción y el procesamiento de las emociones, mientras que la parte posterior está más relacionada con la percepción y el procesamiento de la información sensorial y la integración sensoriomotora.
 
Adicionalmente, la ínsula está conectada con otras regiones del cerebro, como la amígdala, el hipocampo y el cíngulo, lo que le permite interactuar con otras estructuras cerebrales en la regulación de procesos cognitivos y emocionales complejos.


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