La respuesta es SÍ.
De todos los cambios de estilo de vida que se han estudiado, hacer ejercicio físico con regularidad parece ser una de las mejores cosas que se puede hacer para reducir el riesgo de desarrollar demencia.
Varios estudios que analizan el efecto del ejercicio aeróbico (ejercicio que aumenta la frecuencia cardíaca) en adultos de mediana edad o mayores, han demostrado mejoras en el pensamiento, la memoria y reducción de la demencia.
Los resultados del English Longitudinal Study of Aging (ELSA), muestran que los adultos de 80 años o más que realizaban niveles moderados a altos de actividad física, tenían un riesgo menor de demencia que los adultos inactivos que tenían entre 50 y 60 años.
Sin duda, la edad es el factor de riesgo más determinante para la demencia. Por otra parte, los comportamientos sedentarios están aumentando, tanto en personas jóvenes como en personas mayores. Esto conlleva a que no se logren los niveles recomendados de actividad física.
En el estudio de ELSA mencionado, se hizo seguimiento, durante 17 años, de 8.270 adultos de 50 años en adelante, con una edad media de 64 años. Las mujeres tuvieron una buena representación, pues el 56% de los participantes eran mujeres.
Entre los resultados del estudio ELSA, se encontró que el 8% de los participantes desarrolló demencia. Pero lo más interesante fue que el riesgo de demencia, por cualquier causa, se redujo para aquellos que realizaban actividad física de moderada a alta. Incluso, los que realizaban niveles bajos de actividad física, también lograron reducir el porcentaje de demencia, aunque en menor grado, en comparación con los participantes inactivos. Es decir, las investigaciones encontraron que los niveles bajos a moderados de actividad física en la vejez mitigan significativamente el riesgo de demencia relacionada con la edad.
Estos hallazgos son consistentes con lo que se ha venido demostrando en otros estudios similares.
Un estudio en particular analizó los comportamientos de salud de más de 2.000 hombres en Gales y los siguió durante 35 años. De los cinco comportamientos evaluados (ejercicio regular, no fumar, ingesta moderada de alcohol, peso corporal saludable y dieta saludable), el ejercicio tuvo el mayor impacto en términos de reducción del riesgo de demencia. En general, las personas que siguieron cuatro o cinco de los comportamientos anteriores tenían hasta un 60% menos de probabilidades de desarrollar demencia.
A corto plazo, el ejercicio aeróbico también puede mejorar el rendimiento de los adultos sanos en las pruebas de capacidad cognitiva. Al reunir los resultados de 29 ensayos clínicos, y analizarlos, se observó que un mes o más de ejercicio aeróbico regular se tradujo en mejoras en la memoria, la atención y la velocidad del procesamiento cognitivo en comparación con el ejercicio regular no aeróbico como puede ser el estiramiento y la tonificación.
Ahora bien, el ejercicio físico no consiste solamente en practicar un deporte o correr. También puede significar una actividad diaria como caminar a paso ligero, limpiar o hacer jardinería o también bailar. Un estudio encontró que el riesgo de la enfermedad de Alzheimer se puede reducir mediante tareas físicas diarias como cocinar y fregar.
Actualmente se avanza en la realización de estudios que correlacionen la actividad física, la actividad cognitiva, la dieta y otros hábitos, con la salud mental.



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