Ansiedad y COVID-19

 La Ansiedad en los tiempos del Covid-19

El Covid-19 está alterando de forma profunda nuestra vida personal incluyendo las relaciones familiares, sociales, el estudio, el trabajo y el ocio. Vivimos atemorizados pensando en nuestros familiares y nosotros mismos. Nos asomamos con recelo a un futuro que sentimos incierto. Es que no estamos acostumbrados a una permanente incertidumbre y aprensión, con temor a contagiarnos, a escondernos tras una máscara y mirar mal a quien no la usa; ver limitada nuestra libertad de movimiento.



 

Por si fuera poco, desconocemos hasta cuando persistirá esta pesadilla, pero si sabemos que será hasta que alrededor del 70% de la población se haya infectado o enfermado y por tanto tenga activado su sistema inmunológico específico contra el virus SARS-CoV-2; obviamente, si al fin se aprueba, se distribuye y aplica en cantidad suficiente una vacuna efectiva y segura alcanzaremos esta cifra de personas “inmunes” más pronto, y con ello se habrá logrado un atajo con menos sufrimiento humano y muertes. 

 

Todas estás limitaciones a nuestro diario vivir se justifican porqué el gobierno central y regional, así como salud quieren que la infección se transmita lentamente para no colapsar los servicios de salud, especialmente la capacidad de hospitalización y camas de cuidados intensivos. Así vamos infectándonos, enfermando y algunos muriendo gradualmente.

 

Visiblemente, mientras tanto, la economía se resiente y muchas personas sufren estrechez económica, sentimos las presiones financieras y han tenido que cerrar comercios de todo tipo. Por otra parte, la sobrecarga de información, los rumores y la desinformación a la que estamos sometidos hacen que nos sintamos en un entorno incierto, desesperanzado y sin tener claro qué debemos hacer.

 

No es de extrañar que estemos agobiados, percibamos estrés, ansiedad, miedo, tristeza y soledad. Los trastornos de salud mental previos, como la ansiedad y la depresión, pueden agravarse. Algunas personas han aumentado el consumo de alcohol o drogas, pensando que con ello pueden afrontar mejor sus temores sobre la pandemia. En realidad, el uso de estas sustancias suele empeorar la ansiedad y la depresión.

 

¿Qué diferencia hay entre la gripe o influenza y el COVID-19?

Ambas son enfermedades respiratorias contagiosas, pero provocadas por virus diferentes. La influenza es causada por los virus de la influenza estacionales (a veces epidémica) y el COVID-19 es causado por la infección de un coronavirus llamado SARS-CoV-2.

Al parecer, el virus del COVID-19 se propaga más fácilmente que el de la influenza y causa una enfermedad más grave. Además, las personas tardan más en presentar síntomas luego de infectarse y transmiten la infección por más tiempo. Existe una vacuna para protegernos de la influenza, pero no disponemos, por el momento, de ninguna vacuna para prevenir el COVID-19. 

 

Algunos síntomas de la influenza y del COVID-19 son similares, por lo que puede ser difícil diferenciar ambas enfermedades solo por los síntomas, y es necesario realizar pruebas de laboratorio para confirmar el diagnóstico. Sin embargo, hay ciertas diferencias entre las dos enfermedades, pero no las detallaré ahora por lo extenso del tema. Lo que haré es refrescar la memoria sobre las últimas epidemias.

 

Hagamos memoria histórica sobre algunas epidemias de influenza y de SARS.

 

La Gripe Española ocurrió en 1918 y fue producida por una mutación del virus de la Influenza, (virus A H1N1) con una letalidad de 20 % (de cada 100 personas que se enfermaron murieron 20) y causó al menos 50 millones de muertes. Es considerada la pandemia más devastadora de la historia humana. El primer caso confirmado de la mutación se dio el 22 de agosto de 1918 en Brest, el puerto francés por el que entró la mitad de las tropas estadounidenses aliadas en la Primera Guerra Mundial. No obstante, parece que el virus mutante se originó en los Estados UnidosRecibió el nombre de “gripe española” porque la pandemia ocupó mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que España no estaba involucrada en la guerra y no se censuró la información sobre la enfermedad.

Sabemos que, en el otoño de 1918, la influenza, arrasó el mundo. Luego hubo una segunda ola que resurgió de enero a abril de 1919, que fue bastante fuerte pero no tan mala como la de otoño. Además, hubo un tercer aumento del que nadie habla, en el invierno de 1920. Posteriormente se constató que las ciudades que habían aplicado medidas de distanciamiento social y actuaron temprano, y durante un largo período de tiempo, obtuvieron mejores resultados en términos de morbilidad y mortalidad que aquellas que no las aplicaron.

 

Recordemos también que la peste negra en los siglos XIII y XIV ocupa el primer lugar en términos de pandemias que causaron mas estragos y muertes, seguido de la gripe española y parece que el COVID-19 será la tercera.

 

Pandemia de gripe 1957-1958 – llamada gripe asiática. En febrero de 1957, un nuevo virus de la influenza A H2N2 fue reportado en Singapur; en abril de este mismo año se detectó en Hong Kong y en el verano en las ciudades costeras de los Estados Unidos, desencadenando una pandemia. Este virus A H2N2 estaba constituido por tres genes diferentes del virus H2N2 y se originó a partir de un virus de la influenza aviar A, que incluyó genes de hemaglutinina H2 y de neuraminidasa N2. Tuvo una alta mortalidad, la cantidad estimada de muertes fue de 1.2 millones de personas en el mundo.

 

Pandemia de la Gripe de Hong Kong - 1968

Causada por el virus de la Influenza A H3N2 formado por genes de un virus de influenza aviar A, que incluía una nueva hemaglutinina H3, pero que además contenía la neuraminidasa N2 del virus H2N2 de 1957.

Se detectó por primera vez en Hong Kong durante el verano de 1968. Posteriormente se extendió por todo el mundo, constituyendo la tercera pandemia de gripe humana del siglo XX. La cantidad estimada de muertes fue de 1 millón a nivel mundial con mayor proporción en mayores de 65 años. El virus H3N2 sigue circulando como un virus de la influenza A estacional mutando paulatinamente con variaciones antigénica.

 

Pandemia de gripe A H1N1/09 de 2009-2010​: en 2009 surgió un nuevo virus de influenza H1N1 que causó la primera pandemia de influenza en 40 años y la primera del siglo XXI. Este virus difería ampliamente de los H1N1 que estaban circulando. Para evitar confusiones fue conocido oficialmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “Virus A H1N1/09 Pandémico”. La enfermedad causada por esta nueva cepa viral es conocida como gripe porcina (nombre dado inicialmente), gripe norteamericana (propuesto por la OMS) y nueva gripe (propuesto por la Unión Europea) nombres que han sido objeto de diversas controversias. El 30 de abril de 2009, la OMS decidió denominarla gripe A (H1N1/09). ​ 

Su origen es una variante de la cepa H1N1, con material genético proveniente de una cepa aviaria, dos cepas porcinas y una humana​ que sufrió una mutación y dio un salto entre especies, pasando de los cerdos a los humanos, para después permitir el contagio de persona a persona.

El 11 de junio de 2009, la OMS la clasificó como de nivel de alerta seis; es decir, "pandemia en curso". El 18 de septiembre de 2010 la misma OMS anunció el fin de la pandemia, es decir, un año después y luego de haberle dado la vuelta al mundo. La pandemia tuvo una mortalidad baja en contraste con su amplia distribución (11 a 21 % de la población mundial se infectó), ​de todas formas, dejó tras de sí entre 150 000 y 575 000 víctimas durante el primer año que circuló el virus.

 

El SARS: 

Severe acute respiratory syndrome (SARS) o síndrome respiratorio agudo severo (SRAS)

Los coronavirus (CoV) son una amplia familia de virus que pueden causar diversas afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como ocurre con el coronavirus causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el que ocasiona el síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV).

Los coronavirus se pueden contagiar de los animales a las personas (transmisión zoonótica). De acuerdo con estudios exhaustivos al respecto, sabemos que el SARS-CoV se transmitió de la civeta al ser humano y que se ha producido transmisión del MERS-CoV del dromedario al ser humano. Además, se sabe que hay otros coronavirus circulando entre animales, que todavía no han infectado al ser humano.

 

Epidemia “síndrome respiratorio agudo grave” de 2002-2004 fue ocasionada por el virus SARS-CoV. Sin comparación, en cuanto a gravedad, con el actual SARS-CoV-2 productor del COVID-19. El brote se identificó por primera vez en Foshán, China, en noviembre de 2002. Más de 8,000 personas de 29 países y territorios diferentes se infectaron, y al menos 774 murieron en todo el mundo. ​ La OMS declaró contenido el SARS el 5 de julio de 2003; sin embargo, se informaron varios casos de la enfermedad hasta mayo de 2004.

 

“Síndrome respiratorio de Oriente Medio” (MERS-CoV) 2012, ​ también denominado HCoV-EMC/2012, es un coronavirus que infecta a humanos, murciélagos y dromedarios. ​Se originó en Arabia Saudita. El virus infeccioso es un virus ARN que se transmitió a través de contacto con animales (dromedarios) y parece que solamente afectó a los viajeros que fueron a oriente medio. Ocasionó relativamente pocos casos y muertes, aun cuando la letalidad era muy alta, aproximadamente el 30% de las personas que contraían la enfermedad morían.

Este MERS-CoV es uno de los varios virus identificados por la OMS con potencial para causar epidemias futuras. 

 

¿Cómo protegernos en una epidemia como COVID-19?

Hemos estado tomando medidas de distanciamiento social en todo el mundo. La revista Nature lo llamó “la única medida que salva más vidas en un período de tiempo más corto que cualquier otra cosa jamás inventada por humanos”, y creo que eso es absolutamente cierto. 

 

El distanciamiento social es solamente una forma de esconderse del virus. No previene, trata ni nos hace inmune al virus. Cuando salimos a la calle (con o sin máscara) e interactuamos con muchas personas y durante períodos de tiempo  largos, aumenta nuestro riesgo de contraer COVID-19. Es tan simple como eso.

Lo vemos claro: cuando por lo menos el 70% de la población estemos vacunados, entonces hablaremos de inmunidad colectiva y la infección no se propagará.

 

Estrategias de autocuidado

 

Estamos ante una asombrosa politización de la pandemia. Tenemos antivacunacionistas,antimascarillas, libertarios, incrédulos, escépticos, tenemos de todo. Será fundamental contar con un liderazgo del gobierno, de la ciencia y de la medicina que demuestre que la vacuna es segura y eficaz y que todos, como comunidad, nos vacunamos porque es una enfermedad mediada socialmente: yo no te enfermaré y tú no me enfermarás si ambos estamos vacunados.

 

I.- Cuidemos nuestro cuerpo


Durmamos lo suficiente, acostándonos y levantándonos a la misma hora. 

Participemos en actividades físicas regularmente.

Comamos sano, dieta bien equilibrada. Limitemos la cafeína, ya que puede agravar el estrés y la ansiedad.

Evitemos el tabaco, el alcohol y las drogas. No tomemos medicamentos para hacer frente a la situación, a menos que nuestro médico nos lo haya indicado.


II.- Cuidemos nuestra mente

 

Relajémonos y recarguemos energías. Reservemos tiempo para nosotros mismos y así ayudar a calmar nuestra mente y reducir la ansiedad. Practicar la respiración profunda, el tai chi, el yoga o la meditación nos ayudarán. Y porque no tomar un baño de burbujas, escuchar música, bailar o leer.


Reduzcamos los desencadenantes del estrés: mantengamos una rutina habitual, un horario regular para acostarnos y levantarnos, comer, bañarse, trabajar o estudiar y hacer ejercicio. También reservemos tiempo para actividades de expansión.


Limitemos el tiempo frente a las pantallas. Hagamos un esfuerzo para pasar menos tiempo frente a una pantalla ya sea televisión, tableta, ordenador o teléfono. Esto incluye el que reflexionemos sobre la excesiva exposición a los medios de comunicación: escuchar noticias constantes sobre COVID-19 puede incrementar nuestros temores; el uso excesivo de las redes sociales que nos expongan a rumores, información falsa o especulativa nos confunde; pero eso si, mantengámonos informados sobre las recomendaciones gubernamentales nacionales y locales. Si necesitamos más información busquemos fuentes confiables como las del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (European Centre for Disease Prevention and Control – ECDPC - https://www.ecdc.europa.eu/en/cases-2019-ncov-eueea con estadísticas y otra información relevante) o la de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos: https://espanol.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/index.html (está en inglés y español), la Organización Mundial de la salud (OMS): https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public , páginas de universidades y hospitales nacionales, asociaciones científicas, etc.


Hagamos conexiones. Si nos quedamos en casa evitemos el aislamiento social. Usemos el correo electrónico, mensajes de texto, teléfono o FaceTime o aplicaciones similares. 


Hagamos algo por los demás. Encontremos un propósito al ayudar a las personas que nos rodean, familiares y amigos y concentrémonos en pensamientos positivos. Establezcamos prioridades en nuestro día a día.

 

Reconociendo lo que es típico y lo que no lo es.

 

El estrés es una reacción física y psicológica normal a las exigencias de la vida. Todos reaccionamos de manera diferente ante situaciones difíciles y es normal sentir estrés y preocupación durante una crisis. Pero múltiples desafíos diarios, como los efectos de la pandemia de COVID-19, pueden empujarnos más allá de nuestra capacidad para hacerle frente.

Muchas personas pueden tener problemas de salud mental, como síntomas de ansiedad y depresión durante este tiempo. Y los sentimientos pueden cambiar con el tiempo.

A pesar de nuestros mejores esfuerzos, es posible que nos sintamos impotentes, tristes, enojados, irritables, desesperanzados, ansiosos o asustados. Es posible que tengamos problemas para concentrarnos en las tareas usuales, cambios en el apetito, dolores y molestias corporales o dificultad para dormir.

Obtengamos ayuda cuando la necesitemos

Esperar que los problemas de salud mental, como la ansiedad o la depresión, desaparezcan por sí solos puede provocar un empeoramiento. Pidamos ayuda. Comuniquémonos con nuestro médico de cabecera.





 

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